En un país, donde el fútbol brinda más tristezas que triunfos, y donde la esperanza y la calculadora cada día tienen menos vigencia, el comentario de una hincha sobre su inquebrantable apoyo a la selección peruana de fútbol, se ha vuelto viral en Facebook.

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Chiara Roggero, una destacada publicista peruana, escribió -después de la segunda derrota al hilo de Perú en el inicio de las Eliminatorias- un sentido comentario en su cuenta personal de Facebook, y no han sido pocas las personas que se han sentido conmovidas con el texto, que a continuación reproducimos:

¿Ya?
¿Ya nos calmamos todos un poco?
¿Ya podemos volver a ser los mismos?
Porque así somos los peruanos: unos esquizofrénicos.
Pero unos esquizofrénicos hermosos.
Porque ni de eso voy a renegar.
Ni siquiera renegaré de los renegones.
¿Por qué saben qué?
El martes fui al estadio y lo pasé maldito*.
*palabra perfecta para ilustrar la esquizofrenia peruana.
Me pinté la cara con las témperas tóxicas de mis hijos, que más bien parecía goma David.
Grité más que en el concierto de Soda.
Me colgué como una auténtica barra brava del vidrio que separa la primera fila con la cancha.
El martes se me aceleró el corazón a tal punto que tuve que tomar asiento.
Por momentos pensé que de verdad me iba a dar algo y que mi nombre iba a salir en las notas curiosas del Trome
“Muere hincha pituca producto de un infarto cardiovascular. La culpa la tiene Cueva”.
Vi como mi marido se devoró un pan con chorizo en solo tres mordiscos (cada quien exorciza sus nervios como puede).
Comprobé que el tiempo es verdaderamente relativo.
Porque el primer tiempo no duró 45 minutos.
Yo diría que, unos 70.
Pude vivir uno de los placeres más deliciosos de esta vida: entrar a un estadio.
Subir esas escaleras corriendo (porque esas escaleras solo se suben corriendo) y disfrutar como si fuera la primera vez, de un estadio que se va revelando de a poquitos frente a tus ojos y que te hace sentir que “faltabas tú, que por fin llegaste”.
Si nunca has vivido esa experiencia, hazte un favor y anda al Nacional.
De mis sonidos favoritos del mundo: el rugido de un estadio cuando juega Perú.
Qué buenos colores que tenemos ¿no?
Qué lindas se ven pintadas las tribunas de blanco y rojo.
Blanco y rojo.
Creo que es el único momento en que los peruanos tenemos los mismos colores, o mejor dicho, que nos sentimos de un mismo color.
Pero eso suena a queja, y prometí no quejarme.
El fútbol tiene humor y si dejaste de reír con el fútbol, me parece que te perdiste.
Porque además, si hay un fútbol que tiene humor, ese es el nuestro.
Porque sí pues… sí, somos especialistas en recibir tarjetas rojas en el partido menos indicado… y aunque joda, da risa.
Porque tenemos mala suerte y la mala suerte da risa.
Porque las tribunas están llenas de personajes únicos, de Coca Colas que se devalúan en un 400% en menos de dos horas; de hinchas eufóricos como el que gritó: “Oye Jordy! Córtate ese pelo que no te deja pensar”. Le salió del forro, y aunque fue cruel, dio risa.
Escuché a la salida que alguien dijo que jugamos “hasta las Cuevas” y mientras nos retirábamos y pasábamos por las cabinas de trasmisión de los periodistas chilenos, alguien deslizó un “Chapa tu Chileno” y aunque salíamos de la derrota, nadie de los que estuvo ahí, pudo evitar reír.
“Chapa tu chileno”… cualquier cosa pero da risa.
¿Se han puesto pensar de verdad lo qué pasaría con nosotros si se rompe el maleficio de no clasificar para un mundial?
Además de pegárnosla horrible esa noche y las siguientes tres noches.
Además de tatuarnos la bemba de Farfán en la pantorrilla y destrozar el parque Kennedy;
¿De verdad se han puesto pensar qué pasaría con nosotros si llegáramos a clasificar?
¿Qué pasaría con los detractores de la selección? ¿A dónde irían a parar sus monólogos pesimistas?
Yo soy de la generación que nunca vio a su país llegar a un mundial.
Estoy acostumbrada a eso, y aunque no hay nada en la vida que desee más,
no sé si estoy preparada para que Perú clasifique.
No sé si estamos preparados para tremendo remezón.
Y esta reflexión nada tiene que ver con la mediocridad.
Más bien tiene que ver con nuestra esquizofrenia.
Y eso ¿adivinen qué? también da risa.
El fútbol peruano, así como es, calamitoso, chueco, torpe y bonachón, es hermoso.
Yo no canjeo mis nervios por el pecho frío de los campeones.
Yo no remato mis uñas comidas por la costumbre de siempre ganar.
Yo prefiero ganar poco pero vivirlo como lo vivo cuando Perú gana.
Yo no quiero futbolistas de 2 metros con buena genética, a mí me gustan nuestros chatos, talla 36 en chimpunes, que se creen gigantes.
Yo no quiero a Bielsa con su cara de culo, me gusta Gareca con su cara de Laura Bozzo.
Yo no rechazo los penales mal pateados, las tarjetas rojas, las goleadas; las acepto, es parte de lo nuestro.
Ni siquiera rechazo al Cóndor Mendoza.
Porque todos los peruanos, le pese a quien le pese, hemos sido más de una vez un poco Cóndor Mendoza.
Pero también parte de lo nuestro es el valsecito que a veces nos animamos a jugar, ay ay ay y qué viva el criollismo; y esos goles que nacen en los corners y aterrizan en el arco como una flecha, y esas atajadas que tantas veces nos han hecho gritar ufffffffff, y ese gol de Vargas a los argentinos que lo revivo cuando entro en bajón.
Nadie más terco que un peruano.
Nadie más terco que los 11 jugadores que conforman la selección, o los 40 mil hinchas que fuimos el martes al estadio o los más de 30 millones de peruanos que a pesar de todo, creemos que sí se puede, que la matemática puede estar esta vez de nuestro lado.
Hay algo que hace el fútbol con nosotros los peruanos que va mucho más allá del fútbol.
Y si todavía no te diste cuenta qué es, es un buen momento para que te lo empieces a preguntar.
¡Viva el Perú Carajo!
Mira este videito que intenta captar un poquito de algo de arriba.

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