Ahora que somos grandes, recién entendemos que valió la pena tener unos padres estrictos. Aunque muchas veces peleamos, pataleamos y nos parecía injusto que no nos den permiso o nos exijan mucho, gracias a cada una de esas “injusticias” hoy somos lo que somos.

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Si recién estás pasando por esto, ¡tranquila! Hoy no lo entenderás, pero más adelante serás muy agradecida con tus padres. Las que están pasando por esto o las que ya pasaron por esa etapa se sentirán 100% identificadas con estos 18 momentos:

1.- Eras la primera en salir de las reuniones y fiestas

Solía pasar que cuando la fiesta o la reunión recién se ponía buena, tú ya tenías que ir saliendo porque ya era hora de regresar a casa. Todos tus amigos te pedían que te quedaras un rato más, pero sabías que para tus padres la hora es la hora.

2.- Hacer pijamada o quedarte a dormir en la casa de tu amiga parecía una versión de “Misión Imposible”

Pedir permiso para dormir en la casa de tu amiga era una meta difícil, casi imposible, de cumplir. Tenías que ir entrando en el tema desde semanas antes. Si lo lograbas, el permiso era como un contrato donde se establecían reglas y cláusulas.

3.- Miradas que matan

Sabías que bastaba una mirada de papá o mamá para hacerte temblar. No tenían que decir ni una sola palabra para que entiendas el mensaje.

4.- Sabías que debías responder a la primera llamada

Estabas pegada al celular para contestar de inmediato una llamada o un mensaje de texto de tus padres. No había excusa para no responder rápido.

5.- Para pedir permiso debías esperar EL momento

Antes de pedir permiso, tenías que evaluar su humor, de qué carácter estaban, si habían tenido un buen día y también si habías tenido una buena nota en el colegio o habías logrado algún mérito.

6.- También recurrías al chantaje sentimental

Ponías la cara del gato con botas de Shrek y suspirabas diciendo:  “no importa … vas a decir que no de todos modos”. Sabías que era un buen recurso para convencer a tus padres.

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7.- Solo podías preguntar una vez para tener permiso

Si tras preguntar si tenías permiso o no te respondían con un “No”, entonces no valía la pena que tus amigas sigan intentando. Sabías que tus padres seguirían diciendo no.

8.- Podías tener 10 planes con tus amigas en la semana, pero sabías que debías elegir solo uno

Tener unos padres estrictos significa elegir entre salir viernes o sábado. Tus amigas hacían planeas para ambos días, pero sabías que ibas a tener que elegir solo uno.

9.- Sabías qué era sentir pánico

Lo peor que te podía pasar era que cuando tus padres te den permiso, tus amigas deciden hacer cambios de planes.

10.- Jamás escuchaste lisuras en casa

Con tus amigas aprendiste a escuchar (y decir) lisuras, pero en casa jamás podías mencionarlas ni tampoco las escuchaste decir.

11.- Y lo más incómodo fue hablar de sexo

Tus padres sabían que tenían que hablar de sexo contigo, pero así como te resultaba incómodo para ti, para ellos también. Así que lo mejor fue darte un libro que te sirva en esos temas.

12.- Para tus padres, nunca tuviste novio

Con tus padres podías hablar de la escuela, tus amistades y de cosas familiares; pero jamás de los chicos que te gustaban o llamaban tu atención. Frente a ellos no tenías vida amorosa.

13.- Y muchas veces no podías usar escote o minifalda

Estaban de moda las minifaldas, los escotes o prendas que dejaban ver un poco de tu piel y veías que te quedaban hermoso, pero antes de salir de casa, sabías que tus padres te mandarían a cambiarte.

14.- Antes de hacerte cualquier cosa en tu cuerpo, primero el infierno se congela

Teñirte el cabello, ponerte un piercing o hacer un tatuaje eran cosas que unos padres estrictos JAMÁS aceptarán. Así que a pesar que habían momentos en que te emocionabas con hacerte algo en el cuerpo, a los minutos esa fantasía se esfumaba.

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15.- Planeaste la rebelión

Llegó el día en que te cansaste y planeaste la rebelión. Rompiste algunas reglas, las más suaves como llevar sandalias cuando debías usar zapatos. Pero en el fondo sabías que cada cosa que exigían o te prohibían tus padres estrictos era para tu bien.